Por Leo Beltrán
Algo produce el stop motion en el espectador que lo atrapa. Puede ser que la ilusión generada por la animación de objetos sea lo que siempre ha buscado nuestra imaginación, o quizás sea lo más parecido a nuestros sueños.
Desde los primeros objetos animados en El Hotel Eléctrico en 1908, pasando por los escarabajos de Ladislaw Starewicz en 1912, los increíbles esqueletos guerreros de Jasón y los argonautas en 1963, hasta la fantástica historia del pequeño samurái Kubo del estudio Laika, el stop motion como cine o efecto especial ha estado presente en nuestro imaginario. Como espectadores sabemos y aceptamos el truco que nos sumerge en una ilusión entre la realidad y la magia.
A propósito de las producciones recientemente realizadas en diferentes estudios de Santiago y regiones —como Puerto Papel, Cantar con Sentido, La noche boca arriba, La mujer de tierra o Halahaches— quisimos preguntar a realizadores involucrados sobre esta técnica, sus materiales y el quehacer del sector en nuestro país.
1. ¿Por qué contar historias en Stop Motion?
Joaquín Cociña: El stop motion se supone que partió con la animación de cadáveres, bichos muertos. Vladislav Starevich animó con insectos que no soportaban la luz de los focos; eran nocturnos, por lo que se quedaban dormidos al tratar de filmarlos. Entonces decidió hacerlo cuadro por cuadro con cadáveres. Animar en stop motion para mí tiene que ver con un acto de espiritismo: registrar el cambio de las cosas y la presencia del cuerpo que nunca ves en el video final, el cuerpo que mueve los objetos.
Cecilia Toro: El stop motion tiene un ingrediente de realidad en contradicción a la absoluta ficción propia de la animación; eso es algo inquietante y exquisito que diferencia esta técnica de las demás. Es desconcertante y captura la completa atención del espectador. Creo que no es una técnica para contar cualquier historia; solo se justifica cuando la materialidad es parte de la narrativa, porque aquí el material está vivo y cuenta igual o más que la voz de un personaje.
Enrique Ortega: Como técnica y dispositivo, trae consigo enormes posibilidades narrativas y expresivas. Se apela a una textura, una sensación de tacto que genera una cercanía emocional con el espectador muy difícil de lograr con lo digital.
Hugo Covarrubias: Para mí es la mezcla perfecta entre cine, plástica y animación, tres áreas que me apasionan. Disfruto cada parte del proceso; el contacto directo con los materiales, con la luz y con la cámara es algo incomparable. Pienso que mi relación con el teatro y el cine me han hecho optar por esta técnica tan análoga. Cada proyecto plantea desafíos técnicos distintos, y hacer que esas soluciones jueguen a favor de la historia es lo que me mueve.
Jetzabel Moreno: Para los que estamos enamorados de ella, es el medio para contar historias más allá de aparentar movimiento. Poder darle vida a cualquier objeto es volver un poco a la infancia. Por otro lado, la animación tradicional o análoga tiene una relación especial con el espectador, de aprecio y empatía por el trabajo realizado manualmente. Todo esto tiene un enorme potencial emotivo.
Pablo Castillo: Su carácter tangible y el uso de técnicas cinematográficas de cámara e iluminación le otorgan particularidades únicas. Sin embargo, creo que cualquier técnica es válida si se quiere contar algo; la elección depende de las habilidades y visión del artista.
Vivienne Barry: Para mí no es una elección, aprendí desde el comienzo con esta técnica y me encanta. Es la forma de animación más parecida al cine en vivo: usa planos, iluminación y se hace en directo con ambientación, vestuario y vestimenta en pequeño… todo en materialidad orgánica. Además, me intriga esa extraña relación entre el animador y los personajes en esos momentos de soledad en el estudio frente a pequeños seres inanimados que toman vida al tocarlos.
Cristóbal León: Al menos de la manera en que lo practicamos, nos obliga a estar moviéndonos porque trabajamos a escala real. Mis primeras animaciones las hice en el computador y odiaba estar sentado todo el día esperando el render; la rigidez física sentado se convierte en rigidez mental. En el stop motion confluyen intereses narrativos y materiales, particularmente escultóricos. Me gusta contar historias pero también construir cosas con las manos.
Leonardo Beltrán: Es justamente la materialidad lo que lo define. Son materiales antes inertes que cobran vida, cumpliendo el sueño infantil de imaginar que cualquier juguete está vivo. Las posibilidades son infinitas: Svankmajer mueve no solo arcilla, sino frutas, carnes o esqueletos, y PES logra cambiar el significado de los objetos según su apariencia.
Hugo Covarrubias (sobre los materiales): La elección del material cumple un rol narrativo fundamental. Puedes hacer una pieza hiperrealista con silicona que parece piel humana, o experimentar con esponjas, telas, papeles y cartones. La exploración artística agrega un valor estético que narra mediante sensaciones.
Pablo Castillo (sobre el diseño en Puerto Papel): Los materiales son determinantes para generar una estética propia. Puerto Papel fue concebido como un universo de paper toys animados, por lo que el papel debía ser evidente en personajes, props y fondos, proyectando un mundo tangible y reproducible en casa.
2. ¿Existe una escena de Stop Motion en Chile?
Enrique Ortega: Definitivamente. Ha existido por un tiempo, pero ahora ha salido más a la luz por una tendencia del mercado internacional y el esfuerzo de producción local. Se ve un renovado respeto por la técnica y su aplicación cinematográfica.
Joaquín Cociña: Al haberme formado en las artes visuales, reconozco que existe una escena de la animación que aún crece, y supongo que dentro de ella hay una subescena de stop motion.
Hugo Covarrubias: Es muy reducida. Habemos muy pocas personas generando proyectos constantes. Me atrevería a decir que somos quizás unos cuatro grupos que nos tomamos esto en serio con cortos, series y películas. Si se analiza en números, es difícil hablar de una ‘escena’ consolidada aún.
Cecilia Toro: Existe de todas maneras y aún está tomando forma. Desde los años 80 se han realizado producciones sin mucho tiempo de intervalo. Siendo una comunidad pequeña, es variada en intereses (comerciales, cinematográficos, experimentales). Hemos creado alianzas para intercambiar conocimientos y procesos de aprendizaje; eso es el comienzo de un movimiento.
Jetzabel Moreno: Existe, pero es pequeña. No es una técnica que todos los animadores deseen o tengan la paciencia de ejecutar, pues exige mezclar la animación clásica con la realización cinematográfica completa.
Cristóbal León: Creo que apenas está naciendo una escena de animación general, pero no de stop motion en particular. Hay personas aisladas haciendo cosas. Las escenas suelen estar asociadas a escuelas o festivales continuos en el tiempo, lo que aún no se consolida en esta área específica.
3. ¿Qué tiene que mejorar el Stop Motion chileno?
Enrique Ortega: Lo primero es dejar de pensar en la animación como un género. No lo es; es una técnica para abordar cualquier género cinematográfico (desde documentales hasta ficción). Lo segundo es hacer comunidad: juntarse y compartir entre productoras y apasionados por la técnica.
Cecilia Toro: Siento que se está muy enfocado en la técnica y no en los contenidos. Hay una búsqueda exagerada de tecnología para que el stop motion se vea parecido al 3D, cuando lo increíble de esta técnica es su carácter análogo u orgánico. Me gustaría que las ideas no fueran copias extranjeras y tuviéramos un estilo propio mirando hacia adentro, como lo hicieron en su momento los realizadores checos.
Jetzabel Moreno: Más que mejorar, hay que perseverar en el ‘hacer’. Eso lleva a constantes crisis y búsquedas de soluciones donde el dinero no siempre es la respuesta, pero la práctica constante trae el perfeccionamiento.
Vivienne Barry: Faltan dos cosas: aprender a animar mejor (dar personalidad y dinámica al movimiento, no solo mover objetos) y pensar en que se está haciendo cine, utilizando todas sus herramientas y alejándose del lenguaje teatral.
Hugo Covarrubias: Hay que mejorar la visión institucional sobre el stop motion. Algunas universidades deberían incluirlo de forma seria en sus mallas curriculares con una base artística y experimental firme, en lugar de estigmatizarlo como una técnica obsoleta o poco rentable. La irrupción de lo digital no elimina el valor de lo análogo, al contrario, le agrega valor.
Ficha de Realizadores e Interventores
- Vivienne Barry: Directora en Atrapados en Japón, Plastilino y Ene tene tú.
- Cecilia Toro: Directora de arte en Cantar con sentido, Horacio y los Plasticines y El Ogro y el Pollo.
- Jetzabel Moreno: Realizadora y productora ejecutiva en Árbol Naranja.
- Alejandra Jaramillo: Directora de Halahaches.
- Hugo Covarrubias: Director en La noche boca arriba y Puerto Papel.
- Enrique Ortega: Director de animación en Puerto Papel y animador en Cantar con sentido.
- Joaquín Cociña: Artista visual, cineasta y socio de Diluvio.
- Cristóbal León: Artista visual, cineasta, animador y socio en Diluvio.
- Leonardo Beltrán: Director en Cantar con Sentido.
- Tomás Welss: Artista y realizador en animación.
- Pablo Castillo: Diseñador de producción y personajes en Puerto Papel.